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El silencio de los corderos

El silencio de los corderos”, de título original “The silence of the lambs”, es la tercera novela del escritor estadounidense Thomas Harris, la segunda si atendemos al orden de aparición del doctor Hannibal Lecter como personaje fundamental de la trama que ha llegado a convertirse en una preciada tetralogía. Escrita en inglés en 1988 fue publicada originalmente por la editorial St. Martin’s Press; la edición del Grupo Editorial Penguin Random House para el sello Debolsillo traducida por Montserrat Conill, alcanzó su quinta reimpresión en septiembre de 2019.

El silencio de los corderos” fue llevada al cine por el director estadounidense Jonathan Demme en 1991. Con Anthony Hopkins y Jodie Foster en los papeles principales, cuenta con el privilegio de haberse convertido en la tercera película galardonada con el Premio Oscar en las cinco categorías principales: mejor película, director, guion adaptado, actor y actriz.

El silencio de los corderos” es un thriller psicológico cargado de pistas y enigmas, con la esencia del comportamiento humano impregnada en cada una de sus 398 páginas. Como si de una disección de la mente humana se tratara, esta novela nos plantea cuestiones tan interesantes como la propia naturaleza del mal; ¿es el resultado de un conjunto de circunstancias externas adversas o es algo intrínseco al individuo?

Clarice Starling, disciplinada estudiante de la academia del FBI, se ve involucrada en la captura de un asesino en serie que tiene contra las cuerdas a las fuerzas de seguridad de Estados Unidos. Por motivos que inicialmente no parecen del todo claros, es instada a entrevistar al temido psiquiatra Hannibal Lecter, que se encuentra recluido en un hospital psiquiátrico acusado de múltiples asesinatos. A partir de ese momento establecen una singular relación en la que a través de una sucesión de entrevistas intercambiarán una serie de información (quid pro quo) que será primordial para la resolución del caso.

Ambientada en los años 80 en una sociedad acorde a su tiempo, llena de proyectores, archivos escritos y teléfonos por cable, realizaremos un viaje por diferentes ciudades de Estados Unidos siguiendo las pistas de lo que en un primer momento parecen meras descripciones y que el lector podrá utilizar para realizar su particular reconstrucción de los hechos, sintiéndose parte del proceso de investigación en que se encuentran inmersos sus personajes.

Un insecto, la polilla de la muerte o Acherontia styx, que debe su nombre a los dos ríos mitológicos del infierno, guiará de forma silenciosa y simbólica toda la trama, convirtiéndose en protagonista de la historia. Representada en la propia portada del libro, constituye una de las pistas que, junto con el resto de elementos, establecerá el primer enigma al que tendremos que enfrentarnos si queremos descubrir la causalidad del título de la novela.

La narración queda entremezclada con los diálogos de los personajes, formando una equilibrada combinación. Destacan por su intensidad los diálogos entre Starling y Lecter, mostrando la inteligencia que ambos poseen y la alta sensibilidad y capacidad de observación de Lecter, que pese a encontrarse recluido en una celda sin ventanas tiene un mundo interior tan rico y variado que domina sobre la uniformidad de las paredes que limitan su mundo exterior. Las descripciones físicas de los personajes quedan en segundo plano, siendo los datos que conocemos de ellos reflejo de su psique y su comportamiento. Como contraposición los objetos físicos inertes son descritos con gran minuciosidad. Por su parte el lector es conocedor de los pensamientos de los personajes, que con letra cursiva aparecen diferenciados de la narración principal. A través de ellos conoceremos elementos del pasado y de su personalidad, así como sus miedos y emociones.

El silencio de los corderos” me ha parecido una novela dura y desgarradora, tan bien escrita que te hace sentir en la piel de sus personajes y empatizar directamente con ellos, capaz de transmitir la angustia y la tensión de la narración, con un final tan trepidante que deja con ganas de más.

“No me sucedió nada, agente Starling. Yo sucedí. No acepto que se me reduzca a un conjunto de influencias. En favor del conductismo han eliminado ustedes el bien y el mal… Míreme, agente Starling. ¿Es capaz de afirmar que yo soy el mal? ¿Soy la maldad, agente Starling?”

Puntuación  5/5

¿Y a ti qué te ha parecido?

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