De libros no me libro

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1984

1984” fue la última novela del escritor y periodista británico George Orwell. Su original en lengua inglesa, publicado en Reino Unido en 1949 bajo el título de “Nineteen Eighty-Four”, ha pasado a formar parte de “Los 100 Libros del siglo XX” según el diario francés Le Monde. Esta reconocida novela ha sido adaptada al cine por diversos directores, destacando las versiones del británico Michael Reford, titulada bajo el mismo nombre y estrenada en el propio 1984, y la versión libre que el estadounidense Terry Gillian, miembro del grupo Monthy Python, hizo de ella en 1985 bajo el título de “Brazil” con actores de la talla de Jonathan Pryce y Robert De Niro. La edición en español que del libro tengo entre mis manos fue traducida por Miguel Temprano García y corresponde a la colección “Contemporánea” del sello Debolsillo de la Editorial Penguin Random House.

George Orwell es el también creador de “Rebelión en la granja”; ambas novelas contienen un intenso trasfondo político siendo crítica de prácticas totalitaristas, tanto del comunismo soviético como de los regímenes fascistas que habían surgido en la Europa de principios del siglo XX.

1984” es una novela de ficción social que muestra una sociedad distópica estructurada bajo un nuevo orden de “no pensamiento” en la que se proclama una nueva concepción de la realidad externa negando la validez de la experiencia. George Orwell parte de las mismas preguntas que se plantearon los primeros filósofos griegos para conocer la naturaleza de la realidad y a partir de ahí formula una “antifilosofía”, base de la doctrina política totalitaria que nos presenta en esta obra.

Ambientada en Londres en 1984, nos encontramos con una ciudad decadente con cicatrices de guerra, edificios destartalados y pobreza, en la que las personas viven aisladas en una sociedad postnuclear dominada por el odio y el miedo, donde el amor, la amistad y la intimidad han dejado de existir y en la que un nuevo idioma conocido como “nuevalengua” limita cada vez más el pensamiento humano. En este contexto conoceremos a Winston Smith, miembro del único Partido instaurado en el poder de forma permanente después de la Revolución y cuya ocupación consiste en reescribir el pasado bajo las indicaciones del Ministerio de la Verdad.

La historia comienza con una rebelión interna de Winston hacia ese Gobierno totalitario presidido por un líder omnipotente conocido como “Hermano Mayor”; rebelión que nace como una idea y toma forma física en un diario destinado a un lector imaginario ubicado en un hipotético futuro en el que un día el pensamiento sería al fin libre. Winston tiene un carácter idealista y su personaje simboliza el recuerdo de una sociedad que en algún momento existió pero que ya todos han olvidado, en la que los recursos materiales eran abundantes y la ciencia, la lengua y el pensamiento aún no habían sido reducidos.

Cargado de gran simbolismo, advertimos una estructura triangular que se repite de manera incesante a lo largo de toda la trama: tres son los escalones de la sociedad que se nos describe, tres los “superestados” que se encuentran sumidos en una guerra infinita y ficticia que perpetúa el poder del Estado, así como tres son los personajes clave en la línea argumental principal; ellos son Winston, Julia y O’Brien, quienes se verán implicados en una supuesta (o no) conspiración clandestina, estableciendo así con el lector un juego de ambigüedad en el que el “cómo” parece estar claro y en el que lo que verdaderamente importa descubrir es el “por qué”.

1984” es una novela llena de detalladas descripciones tanto físicas como psicológicas de los personajes, así como de los elementos urbanos y del paisaje; en sus 314 páginas observamos pasajes en los que se combinan aspectos de la realidad con los recuerdos difusos y los sueños recurrentes de Winston, culminando en un momento en el que la realidad toma un carácter ambiguo que nos hace perder la noción del tiempo y del espacio. Una obra que sorprende por el paralelismo que podríamos establecer entre los elementos que rigen una sociedad ficticia disfuncional con determinados aspectos de la realidad del mundo actual, y que pone de manifiesto la importancia del pensamiento crítico y la libertad de pensamiento.

«Pero si el objetivo no era seguir vivo, sino seguir siendo humano, ¿qué más daba al fin y al cabo? No podían conseguir que cambiaras tus sentimientos: de hecho, ni tú mismo podías cambiarlos por más que quisieras. Podían averiguar hasta el último detalle de lo que habías hecho, dicho o pensado; pero el interior de tu corazón, cuyo funcionamiento era un misterio incluso para ti, seguía siendo inexpugnable».

Puntuación  4/5

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